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Mi camino hacia el arte fue algo muy orgánico. No hubo un momento mágico de revelación. De niña sentía una fascinación absoluta por las artes en sentido general. La música, el baile, la pintura. De alguna manera ya pintaba para entender y representar el mundo que me rodeaba. Esa inclinación me llevó a estudiar formalmente. Empecé a estudiar artes plásticas desde los 12 años, pero la chispa inicial fue esa necesidad de traducir lo que veía y sentía en algo visual. Luego, formarme en el Instituto Superior de Arte de La Habana en los años 90 terminó de moldearme. Fue una época de carencia material, pero de creatividad explosiva. Descubrí que el arte era mi refugio propio, el lugar donde podía decir las cosas que de otra forma no hubiera podido decir.
Yo describiría mi trabajo como un estado de meditación, como una exploración del silencio. Es un arte íntimo y psicológico. Mi inspiración parte de la vida cotidiana y cómo negociamos con nuestro entorno. Me interesa la idea de la identidad y las máscaras que nos ponemos frente al mundo. Por eso uso mi propia imagen, el autorretrato. No para hablar de mí como individuo, sino para usar mi cuerpo como un lienzo donde pueda suceder cualquier historia humana. Me interesa abordar temas políticos y sociales, pero sin hacer arte de pancarta. Mi generación aprendió a ser simbólica para evitar la censura. Mi política es más insidiosa. Por ejemplo, al bordar las obras de la serie Represión hablan de la asfixia social sin gritar. Mi compromiso no es con los eslóganes políticos, sino con la verdad de la experiencia humana, y eso en esencia es profundamente político. Para mí el material es el mensaje. No es lo mismo pintar un rostro que bordarlo. Cuando perforo el lienzo para pasar un hilo o uso cabello real, añado una capa de sacrificio y resiliencia. Al llevar el bordado, que es una labor históricamente asociada a la espera femenina, al arte contemporáneo, estoy reivindicando ese trabajo manual. El hilo conecta, pero también puede apretar o atar. El uso de otros materiales como textiles o metal no es decorativo, es lo que le da el peso emocional y la hibridez a la pieza.