Belkis Ayón (1967 – 1999) es la única artista fallecida representada en la exposición Layered Lives; por lo tanto, no fue posible grabar contenido de audio. La siguiente entrevista es un extracto de Hablando sobre los mitos del arte. Entrevista con Belkis Ayón, de Jaime Sarusky, 4 de febrero de 1999, © Revista Revolución y Cultura, n.º 2-3/99, págs. 68-71. Cortesía del Legado de Belkis Ayón.

Entrevista

¿Cuéntanos tu trayectoria como artista?

Uso la técnica de grabado llamada colografía porque es la más adecuada para decir lo que quiero. La colografía consiste en crear una matriz con materiales pegados para luego imprimir imágenes con relieve. Me gusta porque es la técnica con la que puedo trabajar grandes formatos y su manufactura texturada y nivelada me fascina. Todo ese proceso lo disfruto tremendamente.

En términos de temática uso narrativas más personales. Sin embargo, personajes como Sikán, el pez, el chivo y la serpiente siguen siendo recurrentes en mi trabajo. Para desarrollar estos personajes utilizo papeles arrugados y la simbología que siempre he usado, pero con otros contenidos. Aunque quiera decir otra cosa, estoy usando la misma figuración y los mismos signos que uso cuando me quiero referir específicamente a una escena o a un detalle de la mitología afrocubana, aunque después, quizás, le dé la vuelta y quiera decir otra cosa. Pero son elementos fijos en mi obra.

Yo disfruto mucho llenar a los personajes a través de las texturas, de las formas. La ropa es la piel que yo les pongo a mis figuras dependiendo de lo que esté pasando, de lo que yo quiera decir.

También, hay cosas en las obras que no sé explicar. Por ejemplo, la tensión latente en muchas de mis composiciones… no la ideé, no fue algo preconcebido, simplemente surgió. Yo digo que siempre me acompaña algo que es como un buen signo, una buena compañía: la intuición. Quizás mi obra sea eso: cosas que tengo dentro y, una vez externalizadas, representan las cargas con las que no se puede vivir.

En realidad, los ojos en los rostros de mis personajes son los que impresionan a la gente, lo que les intriga, porque son ojos que te miran muy directamente. No te puedes esconder; dondequiera que te muevas, ellos están ahí, siendo cómplices de lo que estás viendo.

¿Cómo surgió el interés por la cultura y la mitología afrocubana?

Muchas cosas me atrajeron a las culturas afrocubanas. Este fue un interés que surgió a través de algunas sugerencias que me hicieron mis profesores para que leyera escritores como Lydia Cabrera, o temas sobre la diáspora africana, especialmente mitos o historias como el de la sociedad secreta Abakuá narrada por sus viejos adeptos.

En la casa de mi abuela también había un afiche de la película De cierta manera (1977), dirigida por la cineasta afrocubana Sara Gómez. También pudo haber sido el hecho de que mi tío tenía entre sus libros Los Ñáñigos (1982) de Enrique Sosa y un catálogo de la retrospectiva que hicieron en París del maestro surrealista Wifredo Lam. Descubrí en ese entonces que la mayoría de los artistas afrodescendientes trabajaban temas como la santería, el vodú, el espiritismo y el palo monte.

La narrativa de La Sociedad Secreta Abakuá en particular me pareció muy plástica, como si estuviera pasando delante de mí. Me imaginaba que aparecían y desaparecían rostros, a pesar de que en la Sociedad Abakuá no hay una iconografía figurativa. Entonces vi que había una posibilidad, había todo un mundo que perfectamente yo podía crear, uno basado en las historias originales.

 

Biografía

Belkis Ayón (Havana, 1967‑1999) estudió en la Academia San Alejandro (1986) y el Instituto Superior de Arte en La Habana (1991). Fue reconocida internacionalmente en los 1990s. En 1993, exhibió en la 45ª Bienal de Venecia y obtuvo el Premio Internacional en la Bienal de Gráfica de Maastricht, Países Bajos.

Su influencia ha sido celebrada en grandes exposiciones, incluyendo la retrospectiva itinerante Nkame: A Retrospective of the Cuban Printmaker Belkis Ayón (1967–1999), que se inauguró en 2016, en el Museo Fowler, Universidad de California, Los Ángeles. Su obra forma parte de importantes colecciones internacionales, incluyendo el Museo de Modern Art de Nueva York y el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles.

Aunque su carrera se vio trágicamente truncada por su muerte a los treinta y dos años, el lenguaje visual distintivo de Ayón sigue moldeando el discurso sobre identidad, género y poder social, dejando un legado duradero en el arte contemporáneo cubano y global.